22.1.05

La desnudez de la soledad

Existen distintos tipos de soledades. La soledad creadora del diálogo con uno mismo. La soledad desgarradora de la ausencia y del abandono. La soledad compartida de los amantes que buscan conocerse. La triste y oscura soledad de los duelos. La certeza de la soledad frente a la vida y la muerte. La soledad aburrida por falta de proyectos vitales. La soledad de potencialidades que duermen anestesiadas en uno y que el sujeto no consigue despertar.
En todo caso el sentirse solo, en compañí­a o no de otros, es una experiencia subjetiva y singular para cada ser humano.
A) SOLEDAD COMO DIALOGO CON UNO MISMO
Pablo, el personaje de esta reflexión, comenta: "He estado solo, pero nunca viví­ solo. Sí­, estuve solitario. Necesité bucear en mi interior para conocerme".
Estar solitario no significa necesariamente estar solo. Estar solitario puede implicar estar entero, conectado a los propios deseos, anhelos y proyectos. Estar solitario implica registrar esa sensación dolorosa de las propias carencias y limitaciones. Lo que no se tiene y se desea...
Carencias de hambre y amor que llevan al sujeto a vincularse con otros. Puede que alguien busque infructuosamente diálogo y comunicación con su familia y se vea frustrado en dicha necesidad.
Siempre los otros gratifican o frustran en mayor o menor medida nuestras necesidades y deseos. Lamentablemente o felizmente por más autosuficiente que querramos ser siempre necesitamos de otros seres humanos que nos entiendan, que resuenen con nuestro sufrimiento, alegrí­as y proyectos. Necesitamos de otros sujetos que nos acompañen en el crecimiento.
El miedo a la soledad y a todo tipo de dolores son propios del género humano. Siendo los cachorros más indefensos de la especie EL SENTIMIENTO DE ORFANDAD Y DESAMPARO es inevitable.
Es por eso que la necesidad de sostén, de sentirnos amados por un Otro primordial es prerequisito fundamental de nuestra existencia.
El sentimiento de estar vivos, de sentirse uno mismo deriva de una mirada amorosa que pudo albergarnos en su interior. Asistente materno que brindó amor, calor y mucha seguridad. Madre que protegió al niño de los estí­mulos y peligros del mundo externo.
Sentirse amado, cuidado y protegido en forma continua, le permitió al niño incorporar a esa mamá amorosa dentro suyo y sentirse tan querible como el amor recibido por esta.
En su origen la capacidad de estar a solas se basó en la experiencia de estar solo en presencia de un asistente materno. Madre que supo dar sin exigir nada a cambio. Madre donde el niño pudo relajarse y entregarse a la experiencia creativa que implica descubrirse. Es en presencia de esta madre que lo deja solo, que el niño empieza a descubrir su vida personal, sus impulsos y deseos. Comienza a registrar y tomar conciencia de su tesoro más vital: los afectos.
Esta madre amorosa que lleva dentro de sí­ le permite disfrutar de sus juegos y descubrimientos aun cuando ella no está presente fí­sicamente. El niño se siente acompañado por esa madre interna que le permite fundar un sentimiento de amor a sí­ mismo, de confianza y seguridad.
El hecho de estar en soledad con uno mismo, es algo que paradójicamente da a entender que otra persona se halló presente.
Entonces la capacidad de estar a solas y disfrutar de la propia compañí­a es una conquista del sujeto.
B) LA SOLEDAD COMO DIALOGO CREATIVO:
LA SOLEDAD COMO GESTO DE INDEPENDENCIA
Pablo viajó mucho, tal vez demasiado, y conoce el mundo.Y quizás, por todo lo que viajó y conoció comenta que ya no le es imprescindible hacer viajes tan largos. Descubrió que también puede viajar en su propia habitación.
"En su habitación cabía un universo entero, una cosmologí­a en miniatura, que contení­a en sí­ misma lo más cercano, lo más distante, lo más desconocido. El mundo interior del hombre representado hasta en sus mí­nimos detalles. La habitación donde viví­a era un espacio oní­rico, donde podí­a viajar con su propia imaginación." (Paul Auster)
Pablo tuvo la valentí­a y coraje de tomar contacto con su intimidad. En su intimidad disfrutaba la compañí­a de un libro, de la reflexión y de contemplar un atardecer. Con una buena sinfoní­a se entregaba a la pintura. Pintaba su existencia, su entorno y sus fantasí­as a ser concretadas.
En su habitación Pablo viajaba solo y con otros. Viajaba con creatividad. Podí­a viajar con alas propias.
''Pero la soledad, no es también ella una puerta? En el silencio del aislamiento no se revela una visión inesperada? El trato consigo mismo no puede tornarse misteriosamente trato con el misterio?". (Martí­n Buber)
C) LA SOLEDAD DESGARRADORA DE LA AUSENCIA:
LA SOLEDAD DESGARRADORA DEL ABANDONO
Cuando esa experiencia singular con un Otro continente y protector no aconteció, o no fue suficiente, la soledad no se convierte en un espacio de encuentro con uno mismo. Entonces el estar solo va acompañado de profundas vivencias de angustia, miedo y vací­o.
Predomina el sentimiento de desamparo. La soledad se convierte en un castigo largamente soportado. Puede significar un tiempo de rechazo, de frustración. Tiempo de repudio contra uno mismo, que se acompaña de fantasmas persecutorios. Por ejemplo "mejor me quedo solo porque los otros siempre se aprovechan de mí, siempre terminan dañándome con sus comentarios" o el sujeto puede verse acompañado de fantasmas depresivos. "Soy malo, no merezco el amor de nadie. A quién podrí­a yo interesarle?".
La soledad se torna un fantasma desesperante y desgarrador con el cual se torna difí­cil convivir.
Puede que la persona busque ayuda terapéutica para profundizar en dicha vivencia y elaborarla.
Puede que la persona busque paliativos que calmen su ansiedad, su vací­o. Hoy, revolución tecnológica mediante, contamos con sobredosis de consoladores: personas adictas a personas, adicción al trabajo, a las computadoras, celular, mp3, adicción al deporte, adoración al cuerpo, a la propia belleza, adicción a psicofármacos o cualquier otra droga que brinde, al menos por un rato, consuelo a tanto sufrimiento.
Al decir de Pascal "La infelicidad del hombre se basa en una sola cosa, que es incapaz de sentarse solo en su habitación".
Juan, amigo de Pablo, le comenta:
- Sentirme tan solo me resultaba insoportable. No habí­a libro, compact disc o pelí­cula que pudiera calmarme. Ni el Valium, Rivotril o Lexotanil disminuí­an mi pánico. Mi desesperación crecí­a minuto a minuto. Sé que me entregué, bajé los brazos. Comencé a buscar sexo desenfrenadamente. Todas las noches buscaba una nueva mujer, nada de soportarle mimos, afecto o planes para el mañana. La anestesia funcionaba. Habí­a convertido mi cuerpo en una máquina de fornicar. Mi cabeza en blanco, sin pensamientos de ningún tipo. Tan sólo repetí­a la misma frase cada madrugada "Chau, preciosa, que sigas bien!" Era la manera en que evitaba darme cuenta que ni siquiera recordaba sus nombres.
Encuentros anónimos sin nombre ni sujeto. Mejor dicho desencuentros. Soledad como forma de retirada, de no existencia. Era puro objeto, pura maquinaria. Eludí­a mi propio mundo interno, es más, dudaba si aún existí­a.
Pero un dí­a me dije "Tengo que terminar con este juego de azar y promiscuidad". Estar entero para mí y para los demás implica tomar una decisión. O perduro en este negro vací­o o comienzo a ser protagonista de mi propia existencia."
Porque quién en el mundo puede asegurarme que alguna vez estuvo con otro ser humano?
Uno puede estar junto al otro y no con otro. Uno puede estar contra otros.
Y por qué no pensar que fundamentalmente uno puede estar en contra de uno mismo?
En nuestro contexto actual, individualista y antisolidario, lo que circula es todo light. Ví­nculos light sin compromisos donde cada vez es más frecuente el sentimiento de orfandad y desamparo.
Hay quienes para llenar este doloroso vací­o planifican rigurosamente todas las actividades y salidas. Concurren a todo tipo de actividades para gente sola, y pese al gran empeño voluntario y perseverante, no consiguen lograr su ­íntimo deseo: "sentirse amados y acompañados".
Un encuentro con otro implica contacto y aceptación de las propias carencias y deseos. Implica aceptación y reconocimiento de un otro diferente a uno. Capacidad de entrega mutua.
LA SOLEDAD COMO INVENCION
A veces la dificultad en armar una relación radica en el excesivo amor a uno mismo. Uno queda pegado a su propio espejo. Uno permanece amándose en silencio. Uno queda atrapado en el reflejo de su propia belleza. Espejo que devuelve una imagen perfecta, omnipotente, autosuficiente. Imagen que debe cuidarse y sostenerse en el tiempo; inmaculada, sin marcas, ni arrugas. Imagen que por sobre todas las cosas no debe quebrarse nunca.
Marí­a, amiga de Pablo, se confiesa:
- Cada dí­a sufro más la falta de pareja. Mis amigas ya están todas casadas y han tenido hijos. A mí, siempre me gustó verme bien. Dedico mi dí­a a ir a gimnasia, al sauna, a la cosmetóloga, clases de canto y yoga, y hago una buena dieta para mantenerme en silueta.
Cuando me presentan a un hombre me siento dichosa. Me encierro varios dí­as en casa y me dedico a mi arreglo personal. Hasta verme espléndida. Es raro lo que me ocurre. Cuando logro mi objetivo mi buen humor disminuye. Es como dar por acabada una obra de arte. Quedo extenuada.
Siempre busco salir con hombres hermosos y cuando esto no ocurre, bostezo, me deprimo y la salida termina pronto. Mi entusiasmo crece cuando conozco a hombres que son buenos mozos, ahí­ despliego toda mi seducción hasta conquistarlos. Cuando lo logro es como haber ganado un trofeo. Una vez que se lo muestro a mis amigas, pierdo el interés rápidamente. Entro a desvalorizarlo y la relación no perdura.
La soledad de Marí­a es ficticia. Marí­a vive acompañada por su belleza, por su espejo que le devuelve una imagen completa sin fisuras. Es tanta la completud que carece de un espacio subjetivo para el encuentro con otros.
Otras veces la dificultad reside en que el sujeto vive apegado a recuerdos idealizados.
Pedro comenta:
- No es que no pensara más en ella, pero me doy cuenta que más que el encuentro y contacto, me bastaba con recordarla. Siempre que la veí­a nos peleábamos.
En estas situaciones el sujeto se mantiene solo de otros encuentros concretos y reales. Otros que implican conflicto, confrontación y conocimiento para resolver los obstáculos que significan todo vínculo.
Si bien la persona se presenta fí­sicamente sola y se queja por esto, vive en su interior acompañada por sombras, recuerdos y espí­ritus, que pueblan su existencia.
El sujeto pierde entonces la posibilidad del encuentro concreto con otros. Pierde la noción de la finitud de su existencia. Vive en la atemporalidad y siempre refiere: "Bueno, no te quejes, ya nos vamos a encontrar más adelante, ahora no puedo". Pierde el contacto aquí­ y ahora con la realidad mundana, amigos y familiares que le reclaman afecto y comunicación. La persona se mantiene inmortal. De qué preocuparse? Si los espí­ritus, sombras, fantasmas y recuerdos nunca mueren.
LA SOLEDAD ABURRIDA POR FALTA DE PROYECTOS VITALES
A veces el temor al encuentro con otros es tan grande que el sujeto construye una muralla, una torre que lo defiende contra cualquier chispa azarosa que implique contacto con otros. Torre que lo defiende contra cualquier cambio de planes que amenace su rutina. Rutina pesada y sufriente. Muro aplastante que le evita el contacto con los propios deseos y afectos. Muro que le impide reconocer su propia vitalidad.
Su vida transcurre en un papel en blanco, donde no hay proyectos ni futuro. En contrarse consigo mismo puede resultar peligroso. Pensar acerca de uno es lo temido. A ver si todaví­a descubre las propias debilidades.
Sujetos que andan por la vida como un barco a la deriva, las cosas les pasan sin saber por qué. Total, qué más da? estar dormido o despierto? trabajar o ser desocupado?
Son los sobrevivientes, los que agonizan en vida. Todo está bien, transcurren la vida sin necesidad de actos violentos, sin necesidad de actos suicidas. Porque no hay conflictos. Sobreviven en la resignación. Sobreviven en una nube abúlica, pálida, gris pero conocida. Da lo mismo estar solo o acompañado. Ya que la dificultad para registrar LOS PROPIOS AFECTOS les impide registrar a quienes lo rodean
Para finalizar, un encuentro con otros requiere de un trabajo constante con uno mismo. Contacto con las propias limitaciones y posibilidades. Implica abrir la puerta de nuestra interioridad, abrir la puerta a nuestras ilusiones, fantasí­as y hacerlas realidad. Implica capacidad de asombro y sorpresa. Descubrirse uno mismo SIENDO EN EL VINCULO CON OTROS.
Implica habilitación interna para permitirse transitar acompañado la ruta de la propia existencia.

"Esta noche he aprendido a sorprenderme.
Ella ha traí­do el hogar y yo he encontrado mi hogar.

La imagen que hemos concebido será la que me acompañe hasta mi muerte.
Habré vivido dentro de ella. Sólo el asombro entre nosotros.

En el asombro entre el hombre y la mujer ME HE HECHO HUMANO.
Yo sé ahora lo que ningún ángel sabe.
Algo sucederá esta noche que será importante. Ella me enseñará todo.
Hay otros soles aparte de los del cielo.
En la noche profunda hoy empezará la primavera.
Me nacerán alas, muy distintas a las habituales
ALAS DE LAS QUE AL FIN PODRÉ SORPRENDERME . "
Peter Handke
Las alas del deseo

Lic. Solange Savelski

Licenciada en Psicologí­a; Terapeuta individual y grupal en el Hospital Evita de Lanús y en la Fundación Alfa

BIBLIOGRAFIA:
Winnicott: El proceso de maduración y desarrollo en el niño
D Maldavsky: Procesos tóxicos
Freud: El malestar en la cultura
Paul Auster: La invención de la soledad
Liliana Mizrahi: La mujer transgresora
Guillermo Saccomano: Animales domésticos

1 comentario:

..a. dijo...

¿Y SI SUFRO DE TODO TIPO DE SOLEDAD?