5.3.11

Peut-être

Es terrible que sean tan terribles los fines de semana luego de separarse.
Separarse de alguien, pero juntarse más que nunca con uno.
Después de un mes, las cosas se siguen sucediendo a una velocidad mortífera.
Sigue pasando cosas letales para el aburrimiento, pero tengo la sensación de que los fines de semana todo se para.
Separa.
Claro, los fines de semana me vuelve a caer la ficha de que me separé y esos dos días del orto, me separo de mí.
Separarse, decirlo así pareciera implicar una atadura mental, como si hubiéramos estado cosidos lado a lado y no fue así, pero lo siento como si.
Vuelvo a pensar, si no me morí esa vez, esta mucho menos, claro.
Los fines de semana me quedo vacía de cosas, repleta de sensaciones que no entiendo.
Me convierto en una idiota sentimental cuya acidez e ironía quedaorn en un pozo de agua, sin agua.
Queriendo drogarme. Si, queriendo drogarme. Un poquito. Y con drogas blandas y verdes. Nada grave, mamá.
La reconcha de la lora, me voy a obligar a salir al sol, idiota.
Quizás el calorcito evapore las lágrimas.




Los fines de semana todo se para, menos tu pija acá.




Dale al play ACÁ y escuchá Final, de Pájaros.

4 comentarios:

Daniel Shields dijo...

A muchos nos pasó. Y es triste porque terminamos siendo animales de costumbres. No podes separar.

Y aveces creemos que la tenemos tan clara.

Cerezo en flor dijo...

Ma petite

Son mis exactas palabras... hace dos años y pico atrás.
Todo tiene sus tempos.

Un temps pour séparar.
Puis un temps pour se parer.

Adoro este blog

Y. dijo...

Ay qué palabra tienes más buena

sie dijo...

Respondo acá:
principalmente porque me cuesta comunicarme y no sé si es una cuestión cultural o personal. Me harta esa costumbre de querer demostrarte todo el tiempo lo copados que son y es como si no supieran que hacer cuando tú no respondes igual, cuando te da lo mismo si el otro se da cuenta o no en la primera media hora de conversación de lo copada que eres. Y tú (o sea yo) en el fondo sólo quisieras que quiera verte otra vez, que te llame, que quiera ser tu amigo o tu amante o tu todo o algo; que te invite sinceramente a tomar un café o una cerveza y no se ofenda si cuestionas, si preguntas, si contradices o si halagas. Sólo quisieras producir en el otro curiosidad más allá de tu condición extrajera, más allá de tu condición de chica aceptable para meter en la cama, más allá de la frenética competencia por ver quién habla más y quién se vende mejor en tres minutos.
Más o menos eso se hila en mi incoherente hastío.
Beso grande