10.8.14

13

La vecindad ya no existe, chicos.
Muchos se fueron y muchos nos vamos en breve.
De repente la gente huye a Argentina.
(Realmente venis un sábado a las 8 am a martillar el techo de mi casa?)
La vecindad es lo que fue y la unión queda, pero ya no es presente, aceptémoslo.
Personalmente, la vecindad terminó de desaparecer ayer, al acabar eso que tenía con aquella a la que nunca le escribí nada.
Han pasado años de esta vida.
Las cosas entre dos van bien hasta que a uno se le chifla.
Y esa es la vida.
En 13 días me voy al DF.
La cuenta regresiva llegó, y no sé si quiero volver a Playa del Carmen. Ya fueron casi dos años de intensidad y cachetazos emocionales que me dejaron completamente agotada. Ahora no puedo más que aprovechar lo pocos minutos de silencio antes de que la gente empiece a molestar con la excusa de arreglar el techo.
Mi vida se continua en mi mente hasta mediados de octubre.
Y repito, una vez más: después, no sé.
¿Por qué no dormis un poco más y me dejas a mi encargada de las circunstancias que te empanizan el alma?
Quiero revolcarme sobre pan rallado y hacerme milanesa para que un gigante me come y me cague al rato en otro lugar.
La vecindad ya no existe, chicos, es la neta.

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