2.9.14

Avatares platenses

"Hola, ¿te puedo hacer una pregunta, vo que tené cara de buena? ¿Me queré ayudá con un pancito pa'l'hogar de niño? Dale, amiga, ta 12 pesito, te lo dejo a 10"


El jueves a la noche aterricé en Ezeiza.
Frío en el aeropuerto, frío en el avión, frío en el otro aeropuerto.
Calor en mí.
El vuelo se me hizo largo, estaba muy ansiosa y el avión era bastante viejo como para tener las pantallitas individuales, así que me tuve que conformar con ver lo que ellos decidían proyectar: Capitán América y Río 2, esta última claramente mucho mejor que la primera.
En la mitad de la segunda película me paré al baño y a buscar agua y me quedé cotorreando chido con la azafata, quien me contó que iba a comprar su vestido de novia en Baires, le rpegunté si tenía fotógrafo para la boda, le conté que estaba ansiosa porque hacía 3 años que no pisaba Argentina y me ofreció una pastillita, "es natural, la compré en Buenos Aires", me dice, entregándome un melatol. Momentos después, me preguntaría dos veces, delante de otros pasajeros "y?, te pegó?".

No sólo me pegó, sino que me sentí muy cómoda hablando de tu, me doy cuenta que en contacto con otros latinos me sale naturalmente hablar de tu, algo que jamás imaginé que me pasaría.
Y me dormí al aterrizar, desperté sobresaltada creyendo que era una turbulencia.

Qué decir de Argentina, de La Plata?
Está todo igual, es como si me hubiera ido ayer. La primera noche que salí estaba ansiosa y nerviosa, como si algo extraordinario fuera a ocurrir, pero no, nada pasó, más que la felicidad de oir reggae junto a uno de los seres que más amo en la tierra: esa Mariela.  Cuánto!
Una pequeña recorrida por un viejo antro de la ciudad, 15 años sin entrar, más antro que nunca: el Viejo Varieté.
Tocaban un tributo a los Redondos y la banda se descontrolada.
Mucha falopa?
No sé, pero la libertad de caminar por la calle fumando uno, sin andar tan perseguida con los diferentes tipos de policías que andan cortando mambos.

Sábado de radio, qué cómoda me sentí, qué ganas de hacer un collage de diferentes cosas de aquí y de allá y conformar mi propio mundito.

Los antiguos usos de la terraza. Vos sabés cuáles son.
Tan lindos, a pesar del frío.
Y eso, la cotidianeidad, lo bien que me hace salir y mañana, con bici, la fin como para no parar d epedalear por los lugares más recónditos del ya conocido cuadrado.
Las nuevas facultades en el bosque y Marla tan peluda y mordelona, amigable sólo conmigo y ojona, como siempre.
Los sobrinos más altos y con nuevos dientes.
Las incipientes canas y entraditas de un hermano y la tortilla de papas de mamá.


Esto continua. Y soy feliz.

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