20.9.14

Darse cuenta

La inseguridad ajena. Las mejores historias son las que escribo en mi mente, sentada en le piso de la Costera, al volver del recital de Divididos, un viernes a la noche del 2014. Tengo 33 años, y no voy a dejar de ir a recitales hasta que me canse mucho y no pueda casi caminar.
La gente ya no hace pogo, che.
La gente apenas cabecea al ritmo de.
Es una tristeza, una falta de ganas, una quietud anímica que me apena.
Por supuesto que esas historias no son tales, por falta de testigos que hagan de su efímera existencia, algo eterno.
La eternidad. El eterno retorno de momentos y sensaciones, una gata con la panza al sol. Un libro y la reposera naranja, la antigua bicicleta y nuevos sueños todo el tiempo.
La soledad de mi cuerpo sin caricias, mas con abrazos de oso por doquier.
Forzar el maridaje de vos, vino y yo, pluma.
Tu voz es ausencia, qué onda con lo que callas.

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