20.9.14

UF

Me gusta mi casa porque en ella las cosas tienen historia y las huellas de la Chuls chiquita. No queda mucho del pasado, pero las correas de las persianas del comedor son las mismas que me vieron nacer (no asì las persianas) y la azucarera es la de siempre, la ochentosa de metal.
Las cosas que han sobrevivido al tremendo impulso de mi vieja por renovar todo y comprar útiles nuevos a cada rato, son magnificas. El sentir de la piel al acostarse en las pocas sábanas antiguas, las de dibujitos. No, esas ya no existen.
Tal vez ella nunca entenderá mi afán por recobrar algún pedacito de pasado, no es por nostalgia (o quiás el autoexilio elegido influye), es por amor a lo que fue mi vida, porque esa vidita toda junta, me hizo esto que soy ahora.
Entonces al mirar la azucarera, me miro a mi de chiquita endulzando el nesquik, y recupero instantes que si no, se pierden en la inmensidad del cementerio de recuerdos.
Así estoy, pisando esos azulejos de tablero de damas, con los que jugaba a esquivar el negro, con un nudo en la garganta por tanta vida vivida en esta casa de paredes ya sin empapelado.
El pasado me recubre y a la vez se burla de mi futuro incierto.
Me dice al oido cosas que incitan a arrepentirme por haberlo dejado todo.
El pasado aparece y desaparece porque la casa es la misma y otra a la vez.
Con tono burlón, carcajea: ¿Vos querías emociones fuertes? Tomá! Andate del paìs a buscar cosas que ya tenés, y después de tres años, volvé. Volvé para abrazar a aquellos que dejaste, volvé para darte cuenta, volvé para comprender que la vida siguió, acá y en todos lados, y que algunas relaciones son más fuertes ahora que antes y otras, no. Otras se desvanecen y hay que enterrarlas, con una caricia en el hombro o en el cuello.
Me gusta mi casa porque cuando me quedo sola, los fantasmas son amigos y porque en la terraza de piso verde, me veo tomando agua con un sorbete de lapicera bic, inventando que es el trago del verano, mientras mi hermano, el que ahora enmudece, se rìe de mis payasadas y lee El Grafico sumergido en la Pelopincho.

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