6.11.14

Silencio

A veces pasa que desde muy temprano, los sonidos invasivos...invaden.
Hacen su trabajo correctamente gentes y sonidos.
El tipito del taladro, el otro que maneja el carro con el altoparlante de Zeta Gas o del super Aki, o de lo que sea. O la profesora de gimnasia para señoras del barrio, a 3 cuadras de casa, con música para mover el culo, a todo volumen.
A veces pasa eso y mi cabeza se retuerce, porque es muy temprano. Las 8 de la mañana.
No es tanto lo temprano como mi capacidad para sentir que tengo dos presiones en el cráneo, una de cada lado y me lo van ajustando.
Es entonces cuando me pregunto cuál será el día en el que yo decida irme.
Así como ya lo decidí una vez, irme, romper estructuras y salir a viajar, ahora me pregunto cuándo iré a por la verdadera libertad. Lo siempre tan soñado en el fondo de mi alma: el silencio. El pueblito, la huerta, el campito. Deseo pasar la segunda mitad de mi vida en una casa de campo, en un pueblo, en un lugar con montañas. Sola, con hijos, pareja, eso es secundario.
Pero ese terreno estará lleno de gatos y seguro un perro.
Ahora, por mucho que me pesen los ruidos, es tiempo de preparar esa etapa.
Aprender, activar, mover, viajar. Y bla.

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